Al salir del río, ví que nuevamente había bajado el camino misterioso que ya he recorrido un par de veces, pero nunca completamente. Me debo secar un poco, porque a pesar del calor que hace, allá arriba corre bastante viento y no me quiero resfríar ahora que estoy de vacaciones y es verano.Para subir, debo correr y subir por la parte empinada, sobretodo si voy descalzo. Una vez arriba, puedo caminar tranquilamente, ya que estas nuves, son de las más suaves por la que he caminado. Recorro un buen tramo, y veo casi todo el mundo desde allá arriba y a toda la gente, caminando y haciendo sus vidas, sin saber que siempre hay alguien observando todo lo que hacemos.
Al seguir caminando, se hace más frío, tal vez porque me voy acercando a las zonas más frías del planeta, pero ya no quiero seguir, y no es el frío ni el cansancio, sino que algo o una sensación extraña que me hace regresar y no sé que es, tal vez es la vida terrenal y el apego a mis seres queridos que están allá abajo.
Ahora voy bajando por el rebaladizo y suave piso y logro ver por fín el río y a mis amigos que también estaban abajo.
Me recosté bajo mi árbol favorito y me dediqué un rato a juntar unas extranas hojas que estaban botadas, mientras me comía un durazno.
La brisa fresca hace pequeñas olas en el río y los peces saltan de felicidad. Todo vuelve a ser normal.
PD: No hay nada como estar relajado al lado del río y en la noche tomarse una cerveza.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario