
Encerrado ya hace 2 semanas con un pijama blanco y negro estaba esperando su identificación y numeración, mientras chocaba con sus compañeros que se quejaban sin cesar a causa del espacio reducido en el que estaban conviviendo.
Esta prisión no era otra, que la que les impedía huir de la “pena de muerte”, y ya se sentía que la fecha estaba cerca, ya que se escuchaban a lo lejos los quejumbrosos alaridos de los sujetos a los que ya les había llegado la hora.
Al día siguiente llegaron el resto de las identificaciones, que como un piercing, les colocaron en la oreja izquierda y luego con un fierro “al rojo vivo” marcaron su “trasero”.
El sujeto sólo vivió 17 días más. Su cadáver tal vez lo tienes en tu mesa. Feliz 18!!
PD: Un 18 sin carne, no es 18... mmm que empanadas más ricas, y con chichita, vino o cerveza mucho mejor..
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